Un tipo con una campera de jean y un bolso de cuero me dice “dios”,
me dice “cómo podés pensar que no es interesante”.
El tipo de pelo largo y rasgos árabes que tiene los ojos perfectamente delineados
me dice “tenés que alejarte un poco de Seattle y conocer otras cosas”.
Me da su usuario y su contraseña.
“Te presto mi radio”, me dice.
Y leo sus textos. Y escucho su radio.
Veo sus películas, me alimento de sus libros.
Contemplo sus fotos.
Me dice “Por favor, basta” cuando lo hago reír mucho.
Entonces me dice “Chau". Me dice “Le dije que el jueves te quedás a dormir”.
Me dice “y eso que no nos conocemos personalmente”.
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