14 de febrero de 2011

Los carrimagen

Si caminás 10 cuadras aleatorias un día de la semana cualquiera entre lunes y jueves, las chances de que te cruces con un carrimagen es del 43,3%. Es cierto. Durante los fines de semana, la cifra asciende al 61,1%. Gente que realiza sus tareas diarias con la compañía de un Cristo metido en el bolsillo. Y no me refiero a una cruz de oro de las que cualquier niña de la secundaria recibe de su abuela para sus 15 y de la cual se jacta para excusarse mientras inicia su camino morboso hacia el sexo grosero sin protección. Imágenes de Cristo lo suficientemente fuertes como para servir de abrelatas. Estatuillas de Nuestra Señora del Carmen que cualquier oficinista puede meter en el bolso, junto con una copia de la revista Cosmopolitan Style del mes y un pintalabios en tono coral.
Los carrimágenes pueden reconocerse por esa cuota de seguridad secreta que les otorga la religión organizada. Es organizada porque ellos la organizan secretamente, una especie de agenda clandestina que no le hace mal a nadie.
Si vas a comprar cigarrillos entre las 11 y las 3 de la tarde en un kiosko que también vende diarios y revistas, las chances de que te atienda una señora que tiene una reproducción del Gauchito Gil de 14 cm parada al lado de sus pies el del 39,04%. Es cierto. Lo sé porque soy una excarrimagen.
Años 2005 a 2007, el auge de las empresas que trabajaban para clientes extranjeros. Me rehusaba a acostarme con mi novio sin tener mi copia mini de la Virgen del Valle bajo la almohada. En mi primera entrevista de trabajo, mi jefe descubrió que sé crear buenos ambientes laborales, soy accesible y cálida y, dentro del bolso, llevo desodorante roll-on, toallitas higiénicas para un pelotón y una imagen de 7 cm de San Expedito.
Nunca lo admitirán abiertamente, pero el 19,8% de los hombres y mujeres que van por la calle con una botellita de agua en la mano y no practican footing ni otro deporte, están pensando en la Difunta Correa y no en su hidratación personal por el verano. Es cierto.
El hábito de sacar a pasear imágenes religiosas tiene su mayor intensidad los primeros seis meses. Por lo general, termina abruptamente cuando el carrimagen pierde su estatuilla o la deja escondida en algún lugar que no puede recordar. Es una necesidad que tiene una causa específica y ofrece placer momentáneo. A la larga, las niñas excarrimagen de 16 ó 17 años salen de la sala de parto donde han dado a luz a su primogénito completamente ajenas a la costumbre que solía dirigir sus vidas.

4 comentarios:

rocío dijo...

fantabulso! vivan Yalan Palanhiuk y Chuck White!

Hora Ferreyra dijo...

Buenísimo Cecilia! Me gustó...

Unknown dijo...

Pegado en el monitor tengo un mantra escrito en sánscrito y con el signo de OM. ¿Soy un carrimagen?

cecilia dijo...

Mepa que sí! Jop!