El 24, el gringo trabaja en el fondo hasta las 3.
Después se sienta con mi papá a descansar antes de irse.
Cuando se baje del colectivo, caminará 7 kilómetros para llegar a su víspera de nochebuena.
El gringo toma jugo y habla sobre una yegua y otros caballos.
Mi papá se reclina en la silla y lo escucha hablar.
A la yegua le pusieron mal una pichicata y murió.
Era una buena yegua, la tenía desde chico.
Alguien se la había dado para que la cuide un tiempo y nunca la fue a buscar.
El gringo habla de su casa como "la estancia",
habla con miedo sobre los borrachos y los hippies.
Mi papá espanta moscas con la palma de la mano.
El gringo envuelve unos sánguches que le preparó mi mamá
y los guarda.
Después se levanta, le da la mano a mi papá,
me saluda bajándose la visera del gorro
y se va.
1 comentario:
Muy bueno, Cecilia! Leerlo fue como tomarme una cucharada chiquita de realidad, o como tragarme una pequeña capsulita de esos momentos aparentemente intrascendentes.
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