16 de junio de 2010

Nicolás

Deshojando lentamente todos los males del mundo -mi mundo- frente a los ojos curiosos del grupo del taller (incrédulos de verme desnudar así, después de tanto tiempo presenciando cómo construía mi muro ladrillo tras ladrillo), se me cae una sola lágrima. Simple y perfecta. Y el quejido deja de ser rabioso y se vuelve triste como una balada de un niño que vive bajo un puente. Todos escuchan callados y vos me decís "pará, discutamos esto", sin dejármelo pasar así como así, inhibiendo mi técnica para eludir las cosas importantes, que radica en decirlas todasrápidoyenvozconfusa.
En ton ces co mien za el des ho lla mien to de la ver dad más cru da
co mo el an dar de un ca ra col que sa be que nun ca lle ga rá a des ti no
la voz fi ni ta co mo la ba ba del bi cho que mar ca el ca mi no
En eso, tras la puerta de vidrio, la silueta de alguien nuevo que estoy empezando a conocer.
Y entonces la voz brilla
cortando al medio la manzana amarga
con un tuc al golpear la tabla con el cuchillo afilado
y el sonido sonriente "Oooohhhh NicoBertoooona!"
como cuando un segundo, la leche todavía es aceptable
y al segundo siguiente
está vencida.

1 comentario:

alfred dijo...

Te repito que me gustan tus últimas oraciones. Keep on posting.